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Miércoles 07 de diciembre de 2022

En primera persona desde Barcelona: ¿cómo es vivir durante el rebrote de casos de COVID-19?

El COVID-19 ha cambiado la vida en la Ciudad Condal y la situación que parecía cuestión resuelta y del pasado, volvió a tomar fuerza; ¿se asemeja al NEA?

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Estar hoy en Barcelona es atípicamente cómodo: la playa de la Barceloneta está más limpia que nunca, se puede entrar a la Sagrada Familia sin hacer reserva, las estrechas calles del barrio Gótico abrigan un silencio conveniente y transitar la icónica rambla no significa tener que estar esquivando gente sin parar. 

Lo que ayer era moneda corriente, hoy no lo es tanto: en el centro neurálgico de la ciudad, la plaza Catalunya, abundan más las palomas que las personas y se escucha hablar más el catalán que el inglés.

El rebrote en Barcelona dejó al residente de la ciudad entre la siguiente dicotomía: goza de libertades y mucho espacio por falta de turismo, pero sufre el aporte económico que eso implica. 

No es poco decir: después de Francia, el territorio español es el país que más turistas recibe en el mundo, según la Organización Mundial de Turismo (OMT). Cuando hace un año era imposible identificar, a modo de juego, de qué país venían a visitar el Arco del Triunfo o el Camp Nou, hoy resulta una tarea fácil, ya que la cantidad de extranjeros se ha reducido drásticamente.

Cortas filas en uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: la Sagrada Familia.

¿Cómo se vive luego del rebrote en Barcelona?

Hay reglas intransigentes para vivir aquí: barbijo obligatorio para caminar las calles y utilizar el transporte público, higienización de manos para entrar a cualquier tipo de establecimiento o comercio y distanciamiento social de dos metros. 

Las medidas se acatan mayormente sin protestas, ya que se prefiere cierta incomodidad para los traslados antes que regresar al confinamiento. No obstante, la presencia de los mozos de escuadra -la policía catalana- en las calles se hace sentir e intimida.

A pesar del índice de rebrote alto, en Barcelona se vive naturalmente con una certeza: el sistema sanitario catalán no colapsará como en los 99 días de confinamiento. Y, a la sombra de una Madrid aterrorizada por medidas incumplidas y grandes olas de contagio, los habitantes de la Ciudad Condal viven con la esperanza de que la nueva normalidad se parezca cada vez más al estilo de vida que llevaban antes a la cuarentena.

La clave del éxito: paciencia y constancia

La brutal diferencia de conducta entre España y Argentina radicó en la prudencia y responsabilidad para acatar las órdenes del Estado por el tiempo que fuera necesario. 

En el país europeo, para el 14 de marzo, había más de 4000 casos confirmados y más de 100 muertes, por lo que la gravedad de la situación era tan palpable como cuantificable; en todo el territorio argentino, eran públicos los nombres y apellidos de los escasos contagios contraídos. 

Si bien durante las dos primeras semanas hubo una excesiva cantidad de detenidos por romper la cuarentena, el parate total del país a principios de abril dimensionó a los residentes de Barcelona sobre la magnitud del hecho en cuestión.

Una postal de la Plaza Catalunya en primera persona.

¿Por qué ha surgido el rebrote en Barcelona?

Solamente en Catalunya el impacto de superar los 11.000 decesos oficia como recordatorio natural para intentar cumplir las normas. Aunque la Generalitat catalana, si lo considera acorde, retoma medidas para controlar el contagio: actualmente, se volvieron a prohibir las reuniones de más de seis personas en lugares cerrados.

Inevitablemente, tras transcurrir cuatro fases de duro confinamiento, los barceloneses -como podría ocurrir invariablemente en cualquier urbe europea- se toman ciertas licencias o flexibilizaciones que, tarde o temprano, impactan en el aumento de casos: el primer gran conflicto ocurrió apenas dos días después de finalizada la cuarentena, durante el feriado de Sant Joan que se celebra la noche del 23 de junio. 

Las consecuencias de celebrar el festivo más importante de Catalunya en las calles provocó, 15 días después, el rebrote en Barcelona; un alza en los contagios que había tenido una tendencia descendiente durante los últimos dos meses y el cierre de pequeños comercios que habían reabierto con aforo limitado y medidas de seguridad de higiene. A partir de ahí, la amenaza de un rebrote en Barcelona ha ido en línea con el cumplimiento de las normas por parte de los ciudadanos.

La playa de la Barceloneta: desértica, pero limpia.

Aprender de Europa: ¿verdadero o falso?

Es moneda corriente escuchar “se debe seguir el modelo europeo”. Sin embargo, no todo es color de rosas allí. La flexibilización rápida de algunas fases y el sobreentendimiento de algunas cuestiones en términos de salud alejan a países como España e Italia de modelos ideales ante la cuarentena.

Por su parte, a nivel regional las medidas provinciales hacen que el incremento de casos no sea abultado, más allá del lógico aumento en la curva de contagios. A diferencia de lo que pasa acá, en Barcelona, en el NEA las medidas correspondientes a cada fase parecen ir a la par de la curva de contagios controlando la situación y previniendo una saturación en lo que respecta a salud pública.

No hay que tirar por la borda todos los esfuerzos que se han hecho hasta ahora para lograr salir adelante y darle fin, de una vez por todas, al contagio del virus.

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