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Lunes 18 de octubre de 2021

Carolina Flynn: “El desarrollo del norte global fue posible sacrificando el planeta para las generaciones futuras”

En los últimos meses, muchas organizaciones vienen emitiendo informes que advierten sobre la emergencia del calentamiento global. Algunos países latinoamericanos proponen realizar un canje de deuda por acción climática.

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La arquitecta Carolina Flynn es asesora de la Comisión de Ambiente y Desarrollo Sustentable en el Senado y editora de Climaterra. En conversación con NEA HOY, habló sobre el rol y responsabilidades de los países latinoamericanos en la problemática del calentamiento global.

En el COP26 los países reafirmarian su compromiso en la reducción de emisiones de CO2.

La reducción de las emisiones

Del 31 de octubre al 12 de noviembre se celebrará en Glasgow la 26va conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), en donde los países deberán presentar nuevos compromisos para reducir sus emisiones de carbono.

Carolina Flynn advierte que los compromisos de reducción de emisión de carbono que se generaron hasta ahora son insuficientes para frenar el calentamiento global. En septiembre, la misma ONU presentó un informe diciendo que los compromisos realizados hasta la fecha nos están llevando de todos modos a un calentamiento de 2.7° para el final de este siglo.

Ahora estamos en 1.2° de aumento de la temperatura comparado con la época pre-industrial”, nos recuerda, “hay muchos informes científicos que nos dicen que sobrepasar entre 1.5° y 2° son los umbrales en que podríamos desatar determinados puntos de inflexión que haga que la tierra caliente por sí misma. Entonces ya el sistema estaría fuera de nuestro control”.

Los desastres fruto del calentamiento global, como sequías o inundaciones, contribuyen además a aumentarlo. Un informe del Servicio de monitoreo de la Atmósfera Copernicus detectó que los incendios del mes de junio y agosto en el hemisferio norte produjeron las mismas emisiones que India, segundo país más poblado, produce en un año.

Como si se tratase de una fiebre, al pasar el umbral de los 1.5° el planeta empezaría a elevar su propia temperatura para controlar la población de los organismos que la destruyen. “Entonces, sobrepasar un grado y medio o dos, tenes el problema de las posibles retroalimentaciones que hagan que la tierra empiece a calentar por sí mismas.

Justicia Global

Las emisiones son fruto del desarrollo productivo, y quienes más se han desarrollado, lo han hecho a través de un mayor consumo de recursos y emisión de gases a la atmósfera. Por ende, el desarrollo económico de los países más ricos fue posible por mayor contaminación del planeta. No todos los países son igualmente responsables por el calentamiento global. Los más ricos cargan un mayor grado de responsabilidad sobre el cambio climático.

 

Para entender lo que es la injusticia climática, Flynn explica que “para que estos países tengan el estilo de vida que tienen, lo tuvieron que hacer sacrificando lo que va a ser la vitalidad del planeta para las futuras generaciones”.

Según el análisis elaborado por el antropólogo económico Jason Hickel, El Grupo de los Ocho (Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, Japón y Canadá) es responsable del 85% de las emisiones responsables del calentamiento global. El Norte Global (incluyendo en ese grupo a Israel, Australia y Nueva Zelanda) es responsable del 92%.

El Sur Global, en cambio, es responsable del 8% de exceso de emisiones. Sin embargo, Latinoamérica y África están siendo más afectados por las sequías climáticas, las inundaciones, las hambrunas, las tormentas, el aumento del nivel del mar y las muertes.

Los acuerdos, entonces, deben ser pensados hacia lograr una justicia climática. De la misma forma en que se pensaría una distribución de la riqueza, a nivel global el 10% más rico debe reducir sus emisiones para que las mismas puedan ser utilizadas por otro sector que, por la inequidad histórica en la emisión, no pudieron alcanzar un mejor estándar de vida.

Greenwashing

Los distintos informes y publicaciones advirtiendo sobre la emergencia del calentamiento global hacen suponer que hay una intención por parte de las empresas y líderes del mundo de finalmente bajar las emisiones. Sin embargo, la arquitecta tiene una mirada más escéptica sobre la cuestión.

 

El 50% de las emisiones que pusimos en la atmósfera la pusimos los últimos 25 años. Hablamos en la ONU, hicimos el acuerdo de París, y durante ese mismo tiempo las emisiones siguieron subiendo”, recuerda, advirtiendo además que los compromisos de emisión de los países en el presente son un 16% mayores a lo que se habían comprometido en el 2010.

Si uno ve los diarios de afuera o los políticos hablan de esto, pero es lo que le llaman el lavado verde, o ‘greenwashing’, como que se supone que es lo que tienen que decir para quedar bien, pero la acción concreta cuesta, porque cualquier cosa que hagamos para apalear la situación climática pone un freno al crecimiento económico o al status quo”.

En cambio, Flynn observa un juego geopolítico en los que los países desarrollados, en vez de bajar sus emisiones, acuerdan proyectos de explotación en países menos desarrollados para trasladar sus emisiones allí. Este es el caso de los proyectos de explotación petrolera de Estados Unidos, los salmones de Noruega o las granjas chinas.

La deuda y la acción climática

Desde algunos países latinoamericanos como Argentina y México se está proponiendo a las Naciones Unidas canje de deuda por acción climática. La premisa es que, si los países desarrollados alcanzaron su desarrollo a costa del futuro del planeta, es justo que retribuyan económicamente las acciones de los países menos desarrollados que tiendan a revertir esta problemática.

La arquitecta está de acuerdo con esta premisa. “Realmente no se paga con dinero lo que se hizo”, aclara, “pero en este mundo de finanzas es algo razonable. Y que encima el sur tenga que estar endeudado con el norte cuando el norte nos deja sin nada, es absurdo”.

 

Otra de las propuestas que se observaron en los últimos meses fue la donación otorgada al país por el Fondo Verde del Clima a partir de los resultados de emisiones obtenidos por la implementación de bosques. Flynn piensa que “eso va a ser cada vez más usual, que nos den plata por nuestro capital natural”.

Con estos antecedentes, los países latinoamericanos tienen un incentivo para preservar sus reservas de bosques y biodiversidad que podría llegar a ser mayor que el obtenido por su explotación.

Sin embargo, Flynn también advierte que se debe ser inteligente en cómo invertirlo, y tratar de “hacer proyectos que mitiguen el cambio climático, que secuestren carbono o que hagan paliativos. Sino, seguiremos reproduciendo lo mismo”.

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