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Martes 31 de enero de 2023

Rodolfo Walsh: su paso por Corrientes y la historia del trencito que inspiró uno de sus artículos periodísticos

El escritor y periodista argentino visitó la provincia en 1966 y recorrió 11 localidades junto al Ferrocarril Económico. “La historia del tren más chico, más lento, más exasperante y más divertido del mundo", relató luego de vivir la experiencia.

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Pasaron 45 años de su desaparición a manos de la dictadura cívico militar que gobernó de facto el país entre 1976 y diciembre de 1983. Rodolfo Walsh no se fue sin antes dejar un gran legado en el periodismo: un estilo propio de investigar y escribir, innovador para su época.

Entre las obras más significativas del escritor y periodista argentino, se destacan hasta hoy Operación Masacre (1957), Los oficios terrestres (1965), Un kilo de oro (1967), ¿Quién mató a Rosendo? (1969), y El violento oficio de escribir (1966). 

Esta última obra de Walsh contiene un escrito llamado “El expreso de la siesta” que fue inspirado en su viaje a la Provincia de Corrientes, cuando decidió vivir la experiencia de viajar en el Ferrocarril Económico Correntino y conocer los sitios más escondidos de esta pequeña porción de la región.

“La historia del tren más chico, más lento, más exasperante y más divertido del mundo»; estas fueron las palabras con las que Walsh describió lo vivido en el trencito correntino.

Rodolfo Walsh desapareció en Buenos Aires el 25 de marzo de 1977, luego de una emboscada que le tendieron los militares.

Rodolfo Walsh y su experiencia con el Tren Económico Correntino

El autor de Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar se destacó por su detallismo al momento de escribir, la perspicacia con la que relataba el más mínimo detalle para que el lector pudiera ser parte de la escena que presentaba.

Su relato de lo que vivió en Corrientes no fue la excepción. Es ejemplo de ello este pequeño fragmento de la obra: «El 9 de febrero de 1966 la locomotora 682 del ramal 060, del Ferrocarril Urquiza del Económico Correntino salió a las 9 de la mañana de la capital correntina con destino a Mburucuyá, llegando al día siguiente a las 10.47 de la mañana, empleando 25 horas y 47 minutos, para recorrer 178 km. de distancia a un promedio algo inferior a 7 Km/h”.

Walsh contó también que se trataba de un tren pequeño que llevaba pasajeros y cargas con locomotoras de baja potencia, sobre rieles livianos, cruzando arroyos, riachos y esteros, trepando lomadas o frenando pendientes y en cada estación hacer cargas y descargas de bultos y de pequeñas producciones; como también maniobras de desenganche y desvío de vagones de carga.  

Y agregó que el “trencito económico” podría pensarse como “la fiel pintura de un modo de vida de la gente, de una tierra cuyo único medio de transporte era aquel pequeño trencito discurriendo entre montes y esteros”.

Estación Santa Ana de los Guácaras, una de las que conserva restos del “trencito económico”, como se lo llamó popularmente.

¿Cómo se estableció el ferrocarril en la región?

Según un artículo publicado en 2018 por el periodista Federico Pavlovsky en Página 12, el primer tramo del Ferrocarril Económico Argentino fue inaugurado en el año 1892 a instancias del empresario azucarero Francisco Bolla, que necesitaba construir una vía de comunicación entre su ingenio y la ciudad de Corrientes. 

En aquellos primeros años del 1900, uno de los productos fabricados en el ingenio fue un vodka a base de caña que se envasaba en toneles de madera, con el águila bicéfala marcada a fuego, destinados a la familia del zar en Rusia. 

El producto fue tan valorado que la corte del zar Nicolás II envió al conde Milsky a monitorear el proceso de producción. Una vez desencadenada la revolución, el conde decidió quedarse en tierras correntinas, formó familia y aún hoy se encuentra descendencia con su apellido. 

Los registros históricos señalan que en 1911, el ferrocarril económico era un coche de primera clase para dieciocho pasajeros con asientos acolchonados, y poseía coches de segunda donde se amontonaban paquetes, sandías, correspondencia, animales y pasajeros dormidos. 

En sus vagones, contó Pavlovsky, convivían trabajadores del azúcar con viajeros, gauchos, comerciantes y docentes. La mercancía llegaba en vapores desde Buenos Aires al puerto correntino y el pequeño convoy luego distribuía los productos en cada pueblo. 

El recorrido del Tren Económico Correntino

En su recorrido, luego de salir de la capital correntina, el trencito económico atravesaba las localidades de Santa Ana, San Cosme, San Luis del Palmar, Herlitzka, Cerrudo Cué, Lomas de Vallejos, Paso Florentín, Puisoye, Manantiales, Caá Catí y Mburucuyá.

En el siguiente mapa realizado por NEA HOY se puede ver cuán extenso era el viaje que debía recorrer el Ferrocarril Económico.

Diariamente, a las 5:30 horas de la mañana salía en dirección a su viaje de 25 horas hasta la estación final, a una velocidad promedio de siete kilómetros por hora. 

La puntualidad de la salida del tren era un tema de relativa importancia, porque su lentitud permitía al pasajero, apurando un poco el paso, subirse de un salto, en cualquier momento del recorrido. 

El tren contaba con la presencia de un guarda, que se hizo fama por portar un arma de fuego en la cintura, hecho que garantizaba un viaje seguro y tranquilo cuando el tren se adentraba en zonas casi no habitadas.

Críticas y denuncias de Walsh

El escritor y periodista desaparecido hace 45 años, había descrito que “viajar en el trencito producía en el viajero una experiencia de ensueño, de pérdida parcial de contacto con la realidad”. 

Sin embargo, volcó en su libro las denuncias y críticas propias que no podían faltar en sus obras. “El tren ya no lleva gente a estas etapas finales del campo sino que las saca: las sirvientas que necesita la capital, los peones que reclaman las fábricas”

De ese modo, optó por narrar una situación injusta y denunciar los hechos para generar conciencia social.

El artículo de Rodolfo Walsh, titulado “Expreso de la siesta”, es parte del libro “El violento oficio de escribir”.

El artículo de Walsh (compilado en el libro El violento oficio de escribir) fue publicado tres años antes del cierre definitivo del tren, cuando realizaba tres viajes semanales y transportaba una modesta carga. 

En 1968, el Ingenio Correntino se declaró en quiebra y esto significó el golpe final para el tren económico. El 1 de noviembre de 1969 realizó su último viaje y sus vías se levantaron para siempre.

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