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Miércoles 07 de diciembre de 2022

Denis y Soledad, la historia de los docentes norteños que dirigen la única escuela en la Antártida: “Para nosotros es un sueño cumplido”

Tenían alrededor de 30 años cuando llegaron a Río Grande. Allí se conocieron y emprendieron una vida juntos, marcados por la docencia y el espíritu desafiante que los llevó a enseñar a la Antártida.

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La docencia marcó sus vidas, los llevó a conocer distintos rincones del país, pero, sin dudas, el más ansiado por conocer fue dónde ejercen hoy; la Antártida Argentina. Ambos del norte, él correntino y ella jujeña, Denis Barrios y Soledad Otaola dirigen la única escuela que existe en territorio continental y a diario deben enfrentar diversos desafíos para educar.

Denis nació en Santa Ana de los Guácaras, Corrientes, y desde muy chico fue a vivir a Tierra del Fuego. Allí realizó la primaria y una parte de la secundaria; debió terminar en Corrientes una vez que se mudaron a la provincia nuevamente. 

Luego de cumplir los 30, recibido de profesor de Educación Física, decidió volver al sur del país y ejercer allí la docencia. Fue entonces que conoció a Soledad Otaola, quien sería más tarde su esposa, con quien coincidió en la misma escuela.

Ambos fueron cautivados por la idea de ejercer la docencia en la Escuela Provincial Nº 38 «Presidente Raúl Ricardo Alfonsín», ubicada en la base antártica Esperanza, a más de 1.100 kilómetros de Tierra del Fuego.

Luego de casi 10 años de intentar alcanzar este objetivo, finalmente, en 2021 fueron nominados a partir del proyecto pedagógico que presentaron. Desde entonces, todo cambió; debieron realizarse chequeos médicos y cumplir una cuarentena estricta en Buenos Aires, antes de viajar a territorio antártico.

Denis Barrios y Soledad Otaola, junto a sus hijos, en la Base Esperanza.

Los desafíos de educar en una base antártica

Durante la entrevista que los docentes brindaron a NEA HOY, nombraron algunos de los principales desafíos con los que debieron lidiar desde su llegada a la Antártida. Entre ellos, lo que significa trabajar con un grupo reducido de estudiantes, quienes se encuentran en distintos ciclos educativos.

“En Antártida tenemos un plurigrado. Hay siete estudiantes; dos están en sala de tres y sala de cuatro, y tenemos también en segundo, tercero, cuarto y sexto grado”, explicó Soledad Otaola y contó que deben adecuar las actividades que se presentan a cada uno, según el nivel académico.

A su vez, contó que hay adolescentes que estudian de manera online, a través del Sistema de Educación a Distancia del Ejército Argentino (SEADEA) y acuden a la escuela Alfonsín para compartir el recreo, las meriendas y el desayuno con la comunidad educativa.

Denis Barrios se refirió a los desafíos que implica para él el plurigrado ya que no tuvo experiencias previas antes de viajar a la Antártida. “Es un desafío tratar de compaginar todo, poder hacer actividades dentro del grupo que es tan diverso en cuestiones de grados y adecuar todo para que cada chico realmente reciba el contenido que debe recibir”, expresó.

También hizo referencia a las cuestiones climáticas y comentó que la situación es extrema. “El traslado de la casa a la escuela es una travesía, a pesar de que estamos a 50 o 80 metros de la escuela, porque la nieve alcanza los 2 metros de altura en algunos lugares”, comentó Denis.

Ambos explicaron el mecanismo para salir de las casas, donde deben equiparse con térmicos y vestimenta especiales contra el frío. Una vez en la escuela, proceden a quitarse esta vestimenta y utilizar una ropa cómoda para dar clases.

Soledad Otaola contó a NEA HOY, en el mismo día de la entrevista, que le costó mucho subir por las escaleras de la escuela debido a que la nieve llegaba hasta el metro y medio. Por ello, debió subir gateando.

Si bien, cuentan, optan por realizar caminos para que el ingreso a las instalaciones sea más fácil, el mismo vuelve a llenarse, a los pocos minutos, de nieve. 

Denis remarcó que, fuera de estos desafíos que deben sortear por las características climáticas del lugar, todo lo demás es muy positivo. “El grupo humano es la base, la familia y la escuela, todos le ponen ganas y se da un trabajo en equipo”, consideró.

Imágenes tomadas por los docentes durante el acto de inicio del ciclo lectivo 2022.

Un sueño cumplido

Soledad Otaola dejó en claro la importancia que tiene para ambos educar en la Antártida. “Para nosotros es un sueño cumplido. Sabíamos que la única manera de conocer este sector de la Argentina era ejerciendo la docencia”, señaló.

Por las características propias del lugar, de la población que habita allí y la situación sanitaria favorable, no existe la presencialidad cuidada, como en distintos puntos del país. Allí la llaman, simplemente la presencialidad.

La docente se mostró contenta al reflexionar sobre este último punto ya que, dijo, pudo volver a experimentar la normalidad pre pandemia.

Respecto a los contenidos curriculares, ambos comentaron a este medio que buscan diariamente contextualizar los contenidos que son enviados por el Ministerio de Educación provincial. Entre algunos temas que suman a la currícula se encuentra el tema Antártida y el conocimiento de la fauna y flora de la provincia, dentro de la que está el territorio antártico.

Actividades deportivas con los estudiantes de la escuela Alfonsín. Imágenes tomadas por los docentes y compartidas con NEA HOY.

Dos puntos interesantes de la charla con NEA HOY tuvieron que ver con la inexistencia de alergias en la Antártida. “Como no hay virus, no hay alergia, no hay resfríos, no hay anginas”, explicaron ambos.

Denis, por su parte, comentó que es alérgico a varios elementos por la vía respiratoria y desde que llegó no tuvo ningún episodio de estos, ni resfríos, ni otros.

A su vez, Soledad señaló que en la dependencia sanitaria de la Antártida se atienden todo tipo de patologías, traumatismos y otros, pero nunca un resfrío o una alergia.

Otro aspecto interesante es el de la convivencia cotidiana con los pingüinos. El docente correntino comentó que es algo normal para quienes habitan territorio antártico.

“Me llamó mucho la atención y acá era súper normal que íbamos a la escuela y había un caminito por el que, tranquilamente, pasaban, todos los días, cientos de pingüinos. Cruzaban sin miedo, pasaban cerquita y era como que estaban muy acostumbrados a la presencia humana en la base”, finalizó.

Cabe remarcar que la escuela N° 38 “Raúl Alfonsín” es la única en funcionamiento en la Antártida, luego de que desde noviembre de 2018 Chile cerrara la Escuela F-50 que había funcionado en Villa Las Estrellas durante 33 años.

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