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Miércoles 28 de septiembre de 2022

Nuevo giro a la izquierda en Latinoamérica: los desafíos que tendrán los gobiernos progresistas en el continente

La victoria de Gustavo Petro en Colombia y los vaticinios de la victoria de Lula da Silva en las próximas elecciones de Brasil demuestran que en el continente se está viviendo un nuevo giro a la izquierda como se vio a principios del milenio.

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El triunfo presidencial de Gustavo Petro en Colombia, junto a las encuestas que darían por ganador a Lula Da Silva en las próximas elecciones brasileñas, son las dos últimas pruebas que utilizan los analistas para establecer que estamos ante un nuevo giro a la izquierda en Latinoamérica.

El primer giro a la izquierda, durante la primera década del Siglo XXI, estuvo marcado por la búsqueda de una mayor autonomía económica y nuevos mecanismos de unidad continental, como lo fue el UNASUR. Sin embargo, existen nuevas características, tanto de las nuevas izquierdas como del propio contexto internacional, que sugieren que esta vez a los gobiernos progresistas no les será tan fácil generar cambios profundos en sus países o en el continente

¿Qué fue el giro a la izquierda?

Se conoce como giro a la izquierda al fenómeno inédito que se produjo a principios del Siglo XXI en Latinoamérica. El evento comenzó con la victoria electoral de Hugo Chávez en Venezuela y se fue confirmando los años siguientes con los triunfos de Néstor Kirchner en Argentina, Ignacio Lula da Silva en Brasil, Fernando Lugo en Paraguay, Tabaré Vázquez y el Frente Amplio en Uruguay, Manuel Zelaya en Honduras, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador.

El primer giro a la izquierda en Latinoamérica estuvo protagonizado por los gobiernos progresistas de la primera década del Siglo XXI.

Debe entenderse que, aunque de izquierda, los distintos gobiernos no compartían las mismas ideas sobre cómo llevar adelante la política económica en sus propios países. Analistas como el mexicano Rafael Castañeda, por ejemplo, había caracterizado a los gobiernos de este primer giro en dos facciones. Los casos de Chávez, Morales o Correa son reconocidos como más “radicales” o “estridentes” dentro del grupo, mientras que Kirchner, Lula o Vázquez conformaron una izquierda “reformista.

Sin embargo, lo que tuvieron en común fue el establecimiento de las bases para un mayor poder autónomo en el continente, anteponiéndose al control que había ejercido Estados Unidos y el consenso de Washington en la década de los 90. Prueba de esto fueron el “No al ALCA” del 2004 y la conformación del UNASUR como contracara de la OEA.

Aunque no hay un hecho indiscutido que se reconozca como el final del primer giro a la izquierda, estuvo marcado por resistencias y fenómenos que terminaron por desgastar o derrocar a cada uno de los gobiernos

Por un lado, la resistencia de las elites derrocaron con un golpe de Estado a Zelaya en Honduras y depusieron a través del Congreso a Lugo en Paraguay y posteriormente a Dilma Rousseff en Brasil, para finalmente tomar el control del partido gobernante en Ecuador durante la presidencia de Lenin Moreno y derrocar con otro golpe a Evo Morales en Bolivia. Los gobiernos de Argentina y Uruguay, por otro lado, fueron desgastando internamente hasta perder las elecciones por coaliciones de derecha.

¿Cómo surgió el nuevo giro a la izquierda?

El nuevo giro a la izquierda comenzó con la asunción en el 2018 de Andrés Manuel López Obrador, un hecho inédito en la historia de un país tan importante para el continente como lo es México. Desde allí, poco a poco el descontento que generaban los nuevos gobiernos de derecha fueron siendo capitalizados por viejas o nuevas coaliciones de izquierda, como lo demostraron las victorias electorales de Alberto Fernández en Argentina, de Luis Arce en Bolivia y de Xiomara Castro en Honduras.

El descontento por las políticas económicas ortodoxas llegó a tal punto que terminó estallando en los países que se resistieron a ser parte del primer giro a la izquierda, como Chile, Perú y Colombia, donde después de repetidas revueltas sociales entre el 2015 y el 2020 el pueblo votó a opciones que nunca antes habían gobernado el país.

El descontento por los gobiernos de derecha lleva a los países latinoamericanos a elegir candidatos de izquierda.

Desafíos de la nueva izquierda

El primer giro a la izquierda se produjo con un antagonismo claro a las políticas neoliberales de los 90, que habían dado como resultado profundas crisis en las principales economías del continente como México, Brasil y especialmente Argentina.

Analistas como Andrés Malamud destacan que esta vez el descontento de la población que hizo posible este nuevo giro a la izquierda no está dirigido específicamente hacia las políticas ortodoxas o de derechas sino hacia las élites, políticas o económicas, por lo que podría decirse que no se trata necesariamente de un nuevo giro a la izquierda sino un giro hacia la oposición.

Si bien en algunos países como Argentina y Bolivia (y como aparentemente podría suceder en Brasil), el nuevo giro produce el regreso de los partidos que protagonizaron el primer giro, en países como Colombia, Perú y Chile el descontento se tradujo en la elección de coaliciones ajenas a los partidos más tradicionales

A esto se le suma que, así como presenciamos la asunción de coaliciones de izquierda, se observa un rotundo crecimiento de personajes de derechas como Javier Milei en Argentina, José Antonio Kats en Chile o Rodolfo Hernández en Colombia que también se muestran como “anti-elite” o subversivos ante el poder gobernante tradicional. 

El riesgo es que este escenario en el que la asunción de las izquierdas está marcada más por su carácter de oposición que como representantes de una política específica puede generar un fenómeno de péndulo electoral en el que distintos gobiernos de izquierdas y derechas se irán sucediendo los mandatos sin poder generar cambios profundos en las políticas de cada país.

Las consecuencias del péndulo

Otro de los desafíos de los gobiernos de este nuevo giro a la izquierda es el de gobernar sin mayoría en los congresos. El primer giro estuvo caracterizado por un descontento electoral generalizado hacia los partidos anteriores, y esto dio la oportunidad a las nuevas coaliciones a obtener consensos a nivel legislativo o bien ir ganando bancas que les den la mayoría.

Tal vez como parte de este fenómeno pendular, las elecciones legislativas argentinas pusieron un límite al regreso del peronismo, mientras que en México, la coalición de AMLO logró el quórum pero no la mayoría absoluta. En otros países este límite es aún más tajante. Desde su asunción, el presidente Castillo debió enfrentar varios cambios de ministros y dos pedidos de destitución por parte de la oposición fujimorista, y solo resta ver si lo mismo no pasará en Colombia.

El fenómeno pendular electoral atenta con la conformación de poder de los gobiernos, limitando cada vez más la posibilidad de generar cambios en la dirección política económica de un país. Si el descontento popular elige a los nuevos gobiernos de izquierda para liberarse de los partidos tradicionales, se vuelve rápidamente en su contra después de dos años de mandato, esto a su vez impedirá que estos gobiernos puedan generar los cambios que deberían mejorar la vida de la gente

 

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