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Miércoles 07 de diciembre de 2022

El peso del voto evangélico: la disputa por el electorado más definitorio para las elecciones presidenciales de Brasil

El electorado evangélico fue crucial para la victoria de Bolsonaro en el 2018. Sin embargo, las encuestas indican que después de 4 años de mandato muchos no están dispuestos a volver a votar por él, y podrían virar hacia su mayor contrincante Lula da Silva.

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El próximo 2 de octubre los ciudadanos de Brasil votarán para elegir a quien será su trigésimo noveno presidente, y a medida que se acerca la recta final, los analistas observan con mucho cuidado hacia donde se inclinará el voto evangélico, una parte del electorado que puede llegar a ser definitivo. 

Las encuestas vaticinan una elección reñida entre el expresidente Ignacio Lula da Silva, que cuenta con más del 45% de imagen positiva pero que podría no lograr ganar en primera vuelta, y el actual presidente Jair Bolsonaro, con diez puntos por debajo. Se espera que el voto evangélico termine por marcar la diferencia en segunda vuelta.

Campaña evangelizadora 

La población evangélica ha crecido mucho en las últimas tres décadas. De acuerdo a la última encuesta de población, más del 20% de los hogares se reconocen como evangélicos, y esto representa al 30% del electorado.

En los últimos años los expertos se dieron cuenta de otro elemento importante: en la población evangélica tienen un electorado transversal con una ideología unificada. Entonces, en vez de diseñar un discurso que hable a los trabajadores o a los mercados, a los empresarios o a las clases postergadas, si se lo dirige al electorado evangélico se estará interpelando a pobres, ricos y a la clase media.

Se trata de un electorado predominantemente conservador, con fuertes convicciones en defender los valores tradicionales y la imagen de la familia tipo como normalidad indiscutible, pero además inculcan la “teología de la prosperidad”, que los acerca en lo económico a una visión individualista muy cercana a la liberal.

Jair Bolsonaro entendió esto y armó su campaña presidencial específicamente para conseguir el voto evangélico. Estableció relaciones fuertes con referentes de los cultos, que lo presentaban como el mesías que vendría a salvar a Brasil de un supuesto “avance comunista” y hasta se dejó sumergir en el Río Jordán como parte de un bautismo para convencer a los fieles de que era el enviado de dios. 

Un 70% de los evangélicos votaron por Bolsonaro en el 2018. Esto demostró ser definitorio para su victoria, ya que le representó 11 millones de votos, los necesarios para sobrepasar en segunda vuelta al candidato del Partido Trabajador Fernando Haddad.

Pero del 2018 hasta hoy han pasado muchas cosas. A pesar de haber minimizado los efectos de la pandemia, el coronavirus se llevó la vida de más de 500 mil brasileños mientras el desempleo crecía a un nivel superior al 14%.

En el 2018 Bolsonaro era un candidato nuevo, pero después de 4 años de gobierno a muchos pastores les cuesta sostener el mismo discurso mesiánico. El equipo de Lula da Silva lo sabe, y en su campaña hizo lo posible por arrebatarle a Jair los fieles más descontentos.

El mesías Bolsonaro

En Latinoamérica las iglesias evangélicas están teniendo cada vez más incidencia sobre la política, y muchos estarían de acuerdo en que ésta tendencia arrancó en Brasil. La iglesia neopentecostal más reconocida y extendida en el país es la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD), que con su famoso lema “Pare de Sufrir” se expandió a través de las favelas del norte brasilero.

Es además una de las que más blanquea sus intenciones de ganar espacios en la política. En su libro “Plano de Poder”, el fundador de la iglesia Edir Macedo explica que, como “Maquiavelo definió la política como el arte de gobernar y establecer poder (…) ¿con quien tu crees que (dios) desearía que estuviese ese poder y dominio? ¿En las manos de su pueblo o no?”, refiriéndose por “su pueblo” a la IURD.

Por ello, durante las últimas décadas la Iglesia ha impulsando la candidatura de varios legisladores en distintos estados del país y llegaron a colocar al pastor Marcelo Crivella en la alcaldía de Río de Janeiro.

La IURD cuenta con fieles en posiciones de poder, tanto en los estamentos de gobierno como en los medios de comunicación, y su rol en la campaña del 2018 fue crucial para que Bolsonaro triunfara de la mano del voto evangélico.

Evangelizando tanto en la iglesia como en las calles, los fieles de la IURD también fueron un actor clave para mantener la popularidad de Bolsonaro durante la pandemia, diseminando su discurso negacionista y comprometiendo la aplicación de los protocolos de emergencia. 

A pesar de que las bases de la IURD, al igual que el resto de las iglesias evangélicas, se muestran reacias a repetir el voto del 2018, Bolsonaro sigue contando con el apoyo de la cúpula de la IURD y esto puede mantener una base importante del voto evangélico.

La asunción de Lula

Si bien ideológicamente el culto evangélico se encuentra más cerca de la derecha conservadora que encarna Bolsonaro, no se debe olvidar que el mayor apogeo del culto sucedió durante los mandatos del expresidente Lula da Silva.

En su libro “Poder Evangélico”, Ariel Goldstein explica que fue la movilidad social durante los mandatos de Lula y Dilma Rousseff, cuando más de 40 millones de personas ingresaron a la “Clase C”, que pudo difundirse y sostenerse la “teología de la prosperidad”.

Si bien este discurso contribuyó en despolitizar a gran parte de la población, atribuyendo la movilidad social a una intervención divina más que a la aplicación de políticas públicas de distribución de la riqueza, para algunos, el regreso de Lula responde a un mito de la segunda venida del salvador que gobernó durante los años dorados del culto.  

Sabiendo ésto, Lula realizó estrategias para seducir al voto evangélico, como su acercamiento al pastor Paulo Marcelo Schallenberger, quien oficia de “consejero religioso y llama a votar por él. Así, el PT intenta golpear a Bolsonaro donde más le duele para lograr la victoria en primera vuelta.

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