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Jueves 08 de diciembre de 2022

Secuestros y tortura en la selva misionera: los restos de la Hostería y Camping Hoppe serán señalados como sitio de la memoria

El lugar donde funcionaba la hostería y camping en Puerto Iguazú fue testigo de la tortura y secuestro de su dueño, Juan Hoppe, y de los turistas que dormína allí. Entre ellos se encontraba Guillermo Corral, quien hasta hoy permanece desaparecido

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La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación hizo el anuncio de que los restos de la Hostería y Camping Hoppe serán señalizados como sitio de la memoria, a partir de un acuerdo con la Administración de Parques Nacionales de Argentina.

El lugar, donde el inmigrante de origen polaco Juan Hoppe administraba junto a su familia un camping para turista que llegaban a visitar las cataratas o a cruzar al Brasil, fue testigo durante la última dictadura militar de un violento operativo por parte de las fuerzas de seguridad, quienes secuestraron a Hoppe, a los turistas y a Guillermo Corral, militante político que desde ese día permanece desaparecido. 

La historia contada por la hija de Hoppe

La historia de Guillermina Hoppe, hija de Juan Hoppe, fue contada por primera vez en el libro de Amelia Báez “Historias con Nombres Propios III, publicada en el 2011 por la entonces Subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia de Misiones

Allí, Guillermina cuenta como en la noche del 21 de febrero de 1978, cuando ella tenía tan solo 14 años, veinte efectivos de las fuerzas de seguridad, vestidos de civil, irrumpieron en la hostería Hoppe, rompiendo a propósito vidrios, puertas y platos, despertando y apuntando con rifles y pistolas a sus hermanos, quienes tenían 16, 15, 7 y 5 años respectivamente.

Juan Hoppe era un constructor de puentes de origen polaco que había participado en la Segunda Guerra Mundial. Llegó a Iguazú contratado por Parques Nacionales para construir las pasarelas de las cataratas. Luego de esto, quedó encargado de que las copas de los árboles permanezcan bajas, ya que en esa época el aeropuerto se encontraba en la entrada del parque.

Con el pasar de los años, fue montando en su casa una hostería y camping, hospedando a turistas de distintas partes del país y del mundo. Uno de ellos fue el santafecino Manuel Corral, militante montonero que se había quedado unos meses para ayudarlo a Don Hoppe en la hostería.

En el operativo para capturar a Corral, la patota no escatimó en violencia. Tiraron abajo las carpas, destrozaron la hostería y despertaron a las patadas a todos los turistas que dormían en el predio, atándolos de manos y pies y llevándolos junto al propio Don Hoppe en dos autos Falcon y una camioneta Mercedes Benz de la empresa de turismo “Tucán

Con 14 años, Guillermina se pasó los siguientes días recorriendo todos los edificios públicos que conocía en busca de respuestas. Por supuesto, empezó por las comisarías, que negaron el operativo y les dijeron que seguramente había sido obra de la guerrilla

Esto era una mentira común, los militares realizaban sus operativos vestidos de civil para después hacer creer que los secuestros y torturas eran obra de la guerrilla, tal es así que hasta hoy en día sigue habiendo gente que atribuye los crímenes de la última dictadura militar a grupos guerrilleros.

Por suerte, Guillermina había reconocido al conductor de la camioneta. Se trataba de “Chelo”, un policía conocido en Iguazú. Gracias a esto no compró la idea de la guerrilla, y continuó recorriendo los edificios públicos hasta que, 15 días después, apareció su padre, maltrecho, flaco, barbudo y con una hernia provocada por las torturas. Guillermo Corral, hasta hoy, sigue desaparecido.

Años después, cuando su padre se animó a hablar, supo que había sido llevado junto a los turistas a distintos centros de detención. Nunca supo cuales, porque los efectivos los mantenían día y noche atados y con vendas en los ojos. A los turistas extranjeros, más que nada italianos y norteamericanos, los liberaron por presión de las embajadas y abogados de sus propios países.

Repetidas veces sometían a Hoppe a sesiones de interrogatorio. Atado en una mesa, lo electrocutaron con picanas mientras le preguntaban sobre movimientos y personas que él no conocía. Por haber aceptado que un chico lo ayude juntando las hojas y cambiando los focos en la hostería, los militares lo acusaban de ser parte de la contraofensiva montonera

Al poco tiempo de su liberación, un Juzgado ordenó el desalojo de Hoppe y su familia del Hostal. No les dejaron llevar nada, todas sus pertenencias se las quedaron los militares. Con lo puesto, emigraron a Paraguay y no volvieron a Argentina hasta después del 83.

Recuperar la memoria

La cabaña se demolió poco tiempo después de que desalojaran a la familia Hoppe. Los restos se localizaron tras una investigación iniciada por la guardaparque retirada Nancy Ruiz de Martyniuk.

Tras el anuncio, se realizó una actividad junto a Guillermina Hoppe y Mariana Corral, quienes visitaron el lugar por primera vez en 44 años. Los restos del hospedaje serán señalados como sitio de la memoria por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

 

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