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Miércoles 08 de febrero de 2023

El día que Superman enfrentó a Pinochet: a 35 años de la travesía de Christopher Reeve que hizo historia en Chile

Christopher Reeve, actor que interpretó a Superman en cuatro películas, es muy querido en Chile por haber resistido junto a sus colegas actores que habían sido amenazados de muerte durante la dictadura de Pinochet

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El 30 de noviembre de 1987 es recordado por muchos chilenos como el día en que Superman llegó al país para enfrentarse a la dictadura de Pinochet. Ese día, el actor Christopher Reeve participó de un evento en solidaridad con 78 actores que habían sido amenazados de muerte.

Las amenazas

Desde el inicio de la dictadura, el teatro y el arte general habían sido perseguidos. Se cerraron teatros universitarios y hasta hay actores que fueron apresados, torturados o dejaron el país bajo amenaza. De algunos actores, nadie había vuelto a saber nada.

Para 1987 quienes integraban el sindicato de actores prácticamente había aprendido a convivir con las amenazas. Autos misteriosos los acompañaban a sus casas por las noches, recibían coronas mortuorias en la puerta de su casas o atendían el teléfono que sonaba solo para hacerles escuchar una ráfaga de ametralladora cuando levantaban él tuvo. El gobierno, por supuesto, no se hacía cargo de las amenazas.

Aquel 3 de noviembre de 1987 la cosa fue distinta. Las oficinas del sindicato de actores recibieron una carta por debajo de la puerta, esta vez con una lista de personas y un plazo para hacer cumplir sus amenazas. “Al contar de ésta fecha, 30 de octubre de 1987, los siguientes testaferros del marxismo internacional tienen un mes de plazo para hacer abandono del país”.

La resistencia

Pinochet tenía todo dispuesto para abrir los comicios en octubre del año siguiente para validarse en el poder a través del voto. Contaba con el apoyo de los pocos medios que quedaban y la fuerza del Centro Nacional de Inteligencia para infundir miedo en el país, estaba seguro de poder ganar. Es por eso que durante todo ese año las amenazas y persecuciones a dirigentes sociales y políticos habían recrudecido.

Poco después de llegada la carta los actores se reunieron en el sindicato. A pesar del miedo, juntos decidieron resistir. Pusieron un recurso judicial de protección, aunque sabían que no serviría de mucho, y organizaron grupos de vigilancia para los actores que habían sido amenazados.

Decidieron dar una conferencia de prensa para dar a conocer las amenazas que recibieron, leerían un mensaje al final de cada obra para concientizar al público, y esperarían la hora señalada en un acto cultural público. De ser ciertas las amenazas, cuando cayera la noche del 30 de noviembre, estarían allí, juntos, esperándolos.

Empezaron a llamar a sindicatos de actores de todo el mundo para que adquiera notoriedad y el planeta sepa las condiciones en las que trabajaban los actores durante la dictadura de Pinochet. El sindicato no paró de recibir llamados y comunicados de apoyo de todo el mundo

Un día recibían el llamado de Robert Redford, otro día conversaban con Robert Deniro, o con Jane Fonda, todos comprometiéndose a denunciar lo que estaba sucediendo. Sin embargo sabían que en la dictadura de Pinochet, no bastaría con eso, se debía organizar un evento trascendental.

Operativo Superman: la charla entre Ariel Dorfman y Christopher Reeves

Influyó mucho Ariel Dorfman, escritor y dramagurgo que junto a Armand Mattelart había escrito “Para Leer al Pato Donald” y otros estudios sobre la simbología de la industria cultural. Dorfman había sido exiliado dos veces por el gobierno de Pinochet, la segunda vez por haber denunciado el asesinato del fotógrafo Rodrigo Rojas de Negri.

En ese entonces vivía en Carolina del Norte, escribía columnas en el New York Times, tenía muchos conocidos en la escena artística norteamericana. Fue a él a quien desde el sindicato de actores le encomendaron la tarea de conseguir a alguna estrella destacada de Hollywood con el coraje suficiente para viajar hasta Chile y acompañar a los actores el 30 de noviembre. De esta forma, todos los reflectores del mundo estarían apuntando al evento.

Ariel llamó a muchos actores. Todos se comprometían a alzar la voz y denunciar lo que estaba sucediendo, pero claro, otra cosa era subirse a un avión y viajar a un país lejano a exponerse a semejante peligro.

Fue en conversación con la poeta Rose Styron que barajaron el nombre de Christopher Reeve, quien en julio de ese año había estrenado Superman 4 y era uno de los actores más reconocidos del momento. Lograr que Christopher Reeve acceda a viajar sería como tener al mismísimo hombre de acero defendiendo a los actores chilenos de las garras de Pinochet.

La idea parecía una locura, pero la carga simbólica era innegable, y quien sabe, tal vez la presencia de un Superman en la ficción podría en la realidad salvarles la vida a los actores de Chile. Accedieron a él a través de Margot Kidder, la actriz que interpretaba a Lois Lane en las películas de Superman y era amiga de Tyron. Margot se comprometió a hablar con Christopher Reeve y hasta les dio esperanzas a los dos escritores.

El actor no solo era un miembro activo de la asociación de actores, sino que también era conocido por ser aventurero y tener un enorme compromiso por los problemas sociales. A pesar de que ese año no había sido fácil, ya que se había separado de su pareja y había recibido críticas negativas de su última película, seguía ayudando a fundaciones y visitando niños terminales cuyo último deseo era conocer a Superman.

Fue el 22 de noviembre, ocho días antes del evento, cuando finalmente Dorfman recibió la llamada de Christopher Reeve. El actor había leído los artículos de Ariel en el New York Times, que durante todo el mes se encargó de escribir sobre lo que estaba sucediendo en Chile.

Después de que Dorfman terminara de explicarle los detalles del evento le explicara la situación, el actor solo tuvo dos preguntas. La primera fue cuán peligroso sería para él ir a chile. Dorfman fue honesto, Chile estaba en dictadura y el escritor sabía muy bien que a las dictaduras no se les podía suponer racionalidad.

Aunque para ellos matar al actor que interpreta Superman pueda parecer descabellado por las consecuencias que eso tendría para Pinochet, nadie podía garantizar que no lo hicieran de todos modos. Tal vez algún comando o agente de la CNI pensara que era una buena oportunidad para atribuir el asesinato a un supuesto grupo de izquierda. No había garantías de que a Christopher Reeve no lo vayan a matar si fuese a Chile.

La segunda pregunta fue si verdaderamente su presencia sería de ayuda para sus colegas chilenos. A esto Dorfman le contestó que sí, que había una posibilidad de que pudiera salvarles la vida yendo a Chile. Después de esa respuesta, se produjeron unos tres o cuatro segundos de pausa, hasta que el actor simplemente contestó then I’ll go”.

Ante la llegada de Reeve a Chile, la revista Apsi publicó una caricatura en la que Superman se llevaba a Pinochet envuelto en una bolsa de basura.

Superman en Chile

La llegada de Superman a Chile causó revuelo en la población. El diario “La Época” había publicado el día de su llegada y un tumulto de gente ya lo esperaba en el aeropuerto. Dio una primera conferencia de prensa ante las cámaras de los canales oficiales, pero los directivos decidieron no traducir sus palabras.

Los días previos al 30 de noviembre también estuvieron protagonizados por distintas protestas. Algunos actores se habían hecho remeras en fraternidad con sus colegas amenazados. Tenían dibujado un blanco y una inscripción que decía “dispárenme a mi primero”.

Planificaron una conferencia de prensa en el teatro Ictus, donde hablarían Reeve y otros actores internacionales que habían acudido para dar su apoyo. Allí, el actor que interpretaba a Superman aseguró ante los micrófonos, los curiosos y algunos sospechados de ser agentes de la CNI, que llegaba a Chile como solidaridad de actor a actor, de trabajador a trabajador, de hermano a hermano, y que ningún actor debería trabajar en esas circunstancias. Reeve además dijo que todo el mundo sentía admiración por el coraje de los actores chilenos ante el peligro.

“Arte y vida”, el acto de resistencia

El acto de resistencia, donde permanecerían durante las horas señaladas en la amenaza, estaba pautado para las ocho de la noche en el Estadio Nataniel, una cancha de basquetbol ubicada en el centro de Santiago.

Horas antes recibieron una llamada desde la oficina del sindicato de actores. Otra carta había llegado bajo la puerta. En ella decía “el plazo se cumplió, ahora tendrán que atenerse a las consecuencias”, pero ya no había tiempo para echarse atrás.

Un auto pasó a buscar a Reeve para llevarlo al Estadio, con un chofer y un encargado de seguridad. El encargado le dijo al actor que en el lugar podían haber disturbios, y que si tiraban gases lacrimógenos debía morder un limón y cubrirse con un pañuelo.

Al llegar al Estadio empezaron a ponerse nerviosos. Había mucha gente afuera y policías circulando. Otro encargado de seguridad les dijo que el estadio estaba totalmente bloqueado por la policía y que no iban a poder pasar porque, una hora antes del evento y con miles de personas adentro, el Ministro del Interior decidió cancelar los permisos para el uso del lugar.

Mientras los otros actores decidían qué hacer comenzaron unos disturbios. Las fuerzas lanzaron bombas lacrimógenas y algunas de las personas en huida empezaron a gritar “al garaje”. Se referían al garaje Matukana, un garaje de autos que había sido reconvertido en espacio cultural. Era un lugar de referencia de la gente del arte en Santiago, ya que allí tocaban bandas y se realizaban fiestas. Cabían como mucho mil personas, pero en el calor del momento, fue el único lugar que se les ocurrió a todos para refugiarse de los disturbios y realizar el evento.

Los actores y el público marcharon un par de cuadras entre las bombas lacrimosas hasta llegar al lugar. Angélica Malinarich, esposa de Dorfman quien se había ofrecido a acompañar a Reeve y hacer de traductora, le explicó que el garaje tenía solo una puerta y sin ventanas, que dada la situación era un lugar muy riesgoso y adentro podía pasar cualquier cosa y que debía ser él quien decida si quería entrar o no.

Christopher Reeves ante los medios de Chile brindó su solidaridad y apoyo a los actores amenazados.

El actor le preguntó si sus compañeros artistas también entrarían en el garaje. Angélica le respondió que sí, que ellos entrarían, a lo que Superman contestó “then I’ll go”.

Juntos el garaje Matukana

El acto se realizó allí, con al policía tirando gases lacrimógenos afuera, y dos mil personas dentro apretujados y acalorados por la falta de aire. Los distintos actores iban subiendo al escenario, dando discursos, cantando canciones de Victor Jara o recitando poemas.

Cuando llegó el turno de Reeve, el actor de Superman volvió a expresar su apoyo y el de los 38 mil actores norteamericanos con sus colegas chilenos. Además, les agradecía por el día que había pasado y les aseguró que en su regreso a Estados Unidos contaría a todos sobre la valentía de los actores chilenos.

 A medida que se acercaba la hora señalada, el miedo se iba disipando, con sus canciones y poemas, se iban sintiendo cada vez más seguros. Llegado las once de la noche, nadie había entrado a matarlos y los disturbios afuera comenzaron a cesar.

Esa noche los 78 actores amenazados pudieron seguir viviendo. Nunca se sabrá si acaso las amenazas solo querían causar miedo o si fue por el apoyo recibido por la comunidad internacional, pero ese día, todos juntos habían sobrevivido.

Un año después, el plebiscito para decidir si Augusto Pinochet seguiría en el poder obtuvo un 54,71% de votos por el “no”, y fue el comienzo del fin de la dictadura chilena. Angélica recordaría tiempo después que al finalizar el evento el actor de Superman se había mostrado muy contento por poder haber sido de ayuda para a sus colegas en Chile. 

 

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