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Miércoles 08 de febrero de 2023

¿Es el rugby violento? La experiencia del club Los Toros

El equipo de Los Toros funciona dentro del complejo penitenciario número 3 de la ciudad de Eldorado. A partir del proyecto “Tackleando Muros”, e inspirados en las experiencias del equipo Los Espartanos, se utiliza el rugby como herramienta de inclusión y promoción de valores en personas privadas de su libertad.

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El miércoles 18 de enero fue el tercer aniversario del homicidio de Fernando Baez Sosa a mano de un grupo de jóvenes que pertenecían a un club de Rugby. El crimen, que hoy vuelve a estar en boca de todos por estar llevándose a cabo las audiencias del juicio, causó conmoción en la opinión pública, que llegó a especular si existía una vinculación entre el crimen y la práctica del deporte.

En la ciudad de Eldorado, más precisamente en el Penal número III, existe una experiencia vinculada al Rugby que sugiere una realidad totalmente contraria, en la que lejos de promover la violencia, el deporte es utilizado como herramienta de inclusión y promoción de valores.

La experiencia de Los Toros

El equipo de “Los Toros, conformado por internos de la Unidad Penal III de Eldorado, nace en el 2016 a través del proyecto “Tackleando Muros”. Mariano Hernando, profesor de Educación Física oriundo de la ciudad, explica a NEA HOY que la idea surgió mientras cursaba sus estudios en la ciudad de La Plana.

Había un seminario que se llamaba ‘Educación Física en Contextos de Encierro’, a partir de ahí empezamos a pensar si por medio de la práctica del Rugby, se podía transformar la realidad de algunas de las personas que estaban privadas de su libertad generándole oportunidades de inclusión”, explica Hernando.

 

Entendíamos que la práctica del deporte le iba a dar unos nuevos vínculos, no solo con los de afuera sino también con ellos mismos”, dice Hernando, “y nos dimos cuenta que también en la cárcel había un montón de valores y actitudes solidarias, de compromiso, de respeto, que lo que teníamos que hacer era potenciar, y aprender que en la cárcel había muchas veces menos miseria de la que encontrábamos afuera”.

Con esa premisa comenzaron a armar el equipo con algunas personas privadas de su libertad, viendo y modificando algunas imposiciones que tenían al principio en base a lo que ellos necesitaban comenta Hernando, “ya no solamente estábamos haciendo rugby en la cárcel, sino que también tratábamos de encontrarle la vuelta para que el que quiera jugar al rugby tenga que ir a la escuela, o tenía que hacer alguna capacitación en oficios”.

 

El rugby y la violencia

Alguien que puede dar fe del cambio que se produjo en el penal desde que se empezó a practicar el Rugby es Manuel Pastor Fleitas. Junto a sus tres hermanos, ingresó al penal en el 2007, y en diálogo con NEA HOY explicó que, cuando Hernando llegó al penal en el 2016 con el proyecto de enseñar Rugby, lo tomó como una actividad más y empezó a practicarlo con sus hermanos.

En sí no había muchas actividades acá”, comentó Fleitas, y la experiencia que nosotros adquirimos acá con el rugby es algo increíble, porque antes acá uno veía que había mucha violencia, pero ahora nosotros los que practicamos el rugby somos como una familia, todo lo hacemos juntos, cuando se va a hacer algo se decide en grupo y cuando alguien se equivoca, se debate entre todos como hacer para solucionar el problema”.

 

Fleitas, junto a sus hermanos y otros compañeros de equipo, fueron quienes escribieron el comunicado después de las repercusiones que tuvo el homicidio de Fernando Báez Sosa. Aunque muchos de ellos apenas saben escribir, la estigmatización que se produjo hacia el deporte les impulsó a contar su experiencia a través del comunicado.

En el comunicado, como equipo de rugby Los Toros repudian el asesinato de Fernando Báez Sosa en manos del grupo que lo golpeó a la salida del boliche “Le Brique” en Villa Gesell, pero aclaran que eso no corresponde con las “enseñanzas básicas del rugby que son: Humildad, Sacrificio, Respeto”.

A pesar de las personas antisociales que repudiamos y entrenan rugby, no nos sentimos en absoluto reflejados en su conducta o accionar, ya que nuestra corta experiencia en el rugby es totalmente diferente”, explican en el comunicado.

Tras el asesinato de Fernando Báez Sosa, perpetuado por jóvenes que pertenecían al club Náutico Arsenal de Zárate, llevó a especulaciones en medios y redes sociales que llevaban a estigmatizar el rugby por tratarse de un deporte de mucho contacto, asumiendo que esto promovería la violencia en los jóvenes.

En el comunicado, los miembros de “Los Toros Rugby Club” cuentan su experiencia que fue totalmente contraria a estas especulaciones. “Muchos de los que estamos privados de la libertad tuvimos un pasado violento de muchas peleas, robos entre internos a punta de faca” cuentan en el comunicado, para desarrollar que, contrariamente a lo que se asume del deporte, ellos encontraron “en la actividad rugby, compañerismo, principios, excelente forma física, saber competir, deseos de progresar en la vida y ser personas de bien”.

 

Las cárceles y la inclusión

La práctica del Rugby fue generando cambios importantes, no solo en las personas y su forma de relacionarse, sino en la forma de organizar el espacio y las actividades que se realizaban dentro del penal. “Muy lejos de poner en el rugby la bandera de la liberación de las personas, nosotros entendíamos que nosotros podíamos utilizar el rugby como un contenido educativo para transformar la realidad que ellos querían transformar”, lo define Hernando

Ya no solamente hacíamos rugby en la cárcel sino que empezamos a encontrarle la vuelta para que el que quiera hacer rugby tenga que ir a la escuela”, explica, “también entendíamos que el rugby por sí solo no le iba a resolver la vida a nadie afuera de la cárcel, entonces buscábamos generarle capacitaciones en oficios para que puedan aprender algo nuevo o tal vez demostrar lo que ya sabían”.

La demanda que generó la motivación de quienes querían seguir practicando el rugby, sumado a las gestiones que se podían realizar desde el penal, contribuyeron a multiplicar las oportunidades que tenían los internos del penal III de Eldorado en materia de inclusión, ampliando la oferta de actividades educativas, artísticas o de oficio.

Los partidos de Los Toros con otros equipos de la provincia son una oportunidad para que los jugadores se reencuentren con sus familias.

“Hay unos requisitos que uno tiene que reunir para ser un Toro” explica Fleitas, “la oportunidad está para todos, pero siempre nosotros vemos quien le pone más interés para estar en el equipo, porque hay que ir a la escuela, que es lo principal, tiene que hacer los cursos de oficio, ahora tenemos taller de costura, de alfarería, y hasta ahora tenemos también un terciario, gracias a lo cual el año pasado tuvimos el primer egresado de la carrera en administración contable” .

“Nos encontramos con un grupo super creativo, un grupo que se apropió del proyecto y que también le fue enseñando e inculcando éstos valores a los que iban entrando para que también puedan tomar el lugar en el equipo de los que iban saliendo”, aportó el profesor Hernando.

A partir de ésta motivación, según explica el profesor Hernando, los propios jugadores fueron apropiándose del proyecto, generando talleres y espacios nuevos en donde podían aprender o mostrar sus habilidades. Esto sirvió, además, para generar otras iniciativas de vínculo entre la sociedad y las personas privadas de su libertad.

 

Uno de ellos fue la donación de bancos para las salas de esperas en el hospital, que se fabricaron en los talleres del penal. De la misma manera, dentro del penal, están arreglando botines y zapatos para los chicos carenciados, o se fabricaron desde el proyecto “Cuido mi espacio verde” sillas y bancos para los quinchos barriales de la ciudad de Eldorado.

Creo que la clave está en entender que la cárcel pueda ser una herramienta de cambio también en el durante, y también para la provincia, el municipio y todos los que somos parte de la sociedad, entender que la cárcel está en la sociedad”, termina reflexionando Hernando.

Y concluye diciendo que “la única forma de que termine cumpliendo su objetivo, que tiene que ver con generar oportunidades de reinserción social, es involucrándonos, entender que la cárcel es parte de nuestra comunidad, entonces yo tengo que ir, a enseñar música, a enseñar a leer, a enseñar a escribir, a enseñar yoga, ajedrez, me parece que ahí está la clave”.

 

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