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Miércoles 07 de diciembre de 2022

Crisis en Haití: la ONU evalúa iniciar una nueva misión humanitaria

Haití está viviendo una crisis económica y social que llevó al presidente a pedir ayuda internacional. La posibilidad de recibir una nueva misión humanitaria es rechazada por la población, ya que misma ha tenido resultados negativos para la isla en el pasado.

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En los últimos meses Haití vivió una escalada de conflicto social protagonizada por protestas y disturbios fruto de la subida de los precios del combustible y los alimentos, que afectan a la gran parte de la población empobrecida del país.

La situación económica se suma a una diversidad de condiciones críticas que sufre la isla, como la violencia proveniente de grupos pandilleros, el brote de cólera y la crisis de gobernabilidad que se vive en el país desde el golpe de Estado del 2004 pero que recrudeció con la muerte del presidente Jovenel Moise en junio de este año.

El presidente actual Ariel Henry, a quien nombraron como sucesor de Moise sin haber pasado por un proceso electoral, pidió la ayuda internacional en medio de las protestas. Ante este pedido, fuentes de Estados Unidos y México informaron que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estaría preparando una resolución que autorizaría una nueva “misión de asistencia internacional” en la isla.

Sin embargo, muchas organizaciones haitianas rechazaron la noticia, afirmando que, lejos de contribuir a la estabilidad, estas ayudas y misiones internacionales han traído más perjuicios que beneficios en el pasado.

Las consecuencias de las ayudas humanitarias

Las sucesivas crisis en Haití por las que se suele justificar la intervención internacional, fueron generadas por una intervención internacional en primer lugar. Jean Bertrand Aristide fue el primer presidente electo democráticamente en el país a quien derrocaron a través de un golpe de estado en el 2004, lo que empujó a Haití hacia la profunda inestabilidad hasta el día de hoy

Testimonios posteriores de diplomáticos franceses revelaron que el golpe de estado contó con la aceptación de la comunidad internacional, condicionada por los intereses de Estados Unidos y principalmente de Francia, que no soportaba que un gobierno democrático haitiano reivindicara los reclamos por una reparación histórica por la injusta deuda que Francia cobró a Haití después de su independencia. 

Justamente después del golpe que puso a Boniface Alexandre provisionalmente en el poder, el consejo de seguridad de las Naciones Unidas creó la Misión de Estabilización para Haití (MINUSTAH) en el Gobierno. Desde ese momento, todas las misiones internacionales destinadas a ayudar a Haití tuvieron dos cosas en común, que pidieron gobiernos no democráticos y que terminaron generando más problemas que soluciones al pueblo.

Un informe de la propia ONU sobre el impacto de los cascos azules camboyanos en el país concluyó que la misma había sido clave en la propagación de la última epidemia de cólera en Haití. La misma ha sido responsable del contagio de 800.000 haitianos y de la muerte de otros 9.000. 

Además, distintas organizaciones del país denuncian la existencia de una complicidad y asociaciones ilícitas entre las bandas delictivas que controlan el narcotráfico en la isla, el presidente de facto y los representantes de la ONU, razón por la cual se pide la no renovación de las misiones humanitarias.

Crisis en Haití: la historia se repite

Daniel Foote, enviado especial de Estados Unidos para Haití, renunció hace un año a su cargo denunciando tratos inhumanos hacia la población. Su denuncia se refería al trato que recibían los migrantes haitianos en la frontera de los Estados Unidos, pero también a las políticas de intervención que se ejecutaban en el país y que contribuían a vulnerar la estabilidad económica, la paz social y la democracia en la isla.

En su carta de dimisión, Foote denunciaba que “El ciclo de intervenciones políticas internacionales en Haití ha producido resultados catastróficos”, y declaraba que “lo que nuestros amigos haitianos realmente quieren es la oportunidad de trazar sus propios rumbos, sino titiriteros internacionales y candidatos favoritos. No creo que Haití pueda conocer la estabilidad mientras sus ciudadanos sean considerados indignos de elegir a sus propios líderes de manera justa y aceptable”.

Un año después, un presidente que no eligió el pueblo, vuelve a pedir a la ONU la intervención dentro del marco de la “ayuda humanitaria. Al saberse la noticia, numerosas manifestaciones ocuparon la capital del país en rechazo a una nueva intervención extranjera sobre la isla. Dichas manifestaciones se reprimieron duramente. 

Desde 1993, la ONU realizó diez misiones destinadas a “estabilizar” a Haití. Todas estas misiones han fracasado, no logrando organizar elecciones ni fortalecer el sistema de seguridad. En muchos casos, estas misiones han agravado los problemas que intentaban solucionar, siendo responsables de distintos abusos a la ciudadanía y de la epidemia de cólera que aún azota la isla.

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